Don Matías Martínez Burgos

DON MATÍAS MARTÍNEZ BURGOS

Matías Martínez de Burgos (San Martín de Humada, 1880 – Burgos, 2 de julio de 1957) fue un filólogo, arqueólogo y latinista español. Se doctoró en Teología (1901) y en Filosofía y Letras, especializándose en dialectología en el Centro de Estudios Históricos. En 1911 fue admitido como miembro del Cuerpo facultativo de archiveros, bibliotecarios y arqueólogos y posteriormente fue jefe del museo de Burgos (1913-1950), cuyos fondos catalogó. Era correspondiente de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la CPMHA de Burgos y, posteriormente, de la Institución Fernán González, de la que fue uno de sus fundadores en 1946, desempeñando el cargo de bibliotecario de la misma.

Dirigió diversas excavaciones arqueológicas en pueblos de la provincia de Burgos, entre las que destacan las de Clunia, Miraveche y Campolara. Hizo ediciones de clásicos de la ascética y la mística españolas y publicó en 1955 una versión modernizada del Cantar de mio Cid con prólogo de Ramon Menéndez Pidal. También confeccionó un diccionario bilingüe latino-español / español latino escolar en 1939 que tuvo algunas reimpresiones. Su obra más conocida fue una transcripción paleográfica del manuscrito de Jaén del Cántico espiritual (San Juan de la Cruz), 1924. Sus otros trabajos tienen carácter arqueológico.

Obras

  • Hallazgos arqueológicos en Poza de la Sal, Burgos, 1935.
  • “La necrópolis de Hornillos del Camino“, en MMAP, VI.
  • Fray Francisco de Vitoria; vindicación documental de su patria, con datos inéditos de su vida, en homenaje centenario, 1948
  • Catálogo del Museo Arqueológico Provincial de Burgos, 1935
  • La casa del Cordóno el Palacio de los Condestables de Castilla: Su renacimiento en 1936, con la Junta Técnica del Nuevo Estado Español, 1938.
  • El Arco de Santa María y El Museo Arqueológico Provincial de Burgos: notas seleccionadas, 1929
  • Diccionario escolar latino-español, español-latino, prosódico, etimológico, sintáctico, 1939.
  • Los sepulcros de madera policromada del Monasterio de Vileña(Burgos), 1936.
  • El Cid estadista. Conferencia de D. Matías Martínez Burgos… el 10 de mayo de 1951, Burgos, 1951
  • Guía turística de Burgos, 1955.

BOL. INST. FERNÁN GONZÁLEZ AÑO 36, N.140 (3ER TRIM. 1957)

Humanista profundo, con extensa cultura, adquirida en la consulta no satisfecha nunca de los grandes ingenios, maestro en el decir, su oratoria era oro de ley, que sin exornos innecesarios y ampulosos, afeites muy mediocres para enmascarar en muchos casos la falta de sustancia, se adentraba en el alma de cuantos le escuchaban, ganados, más y mas, por el arrullo de su bella, medida y armoniosa palabra.

De su pluma ¡qué habremos de decir! En sencilla justicia, tendremos que afirmar que fue una de las más fáciles, magistrales y clásicas, que dentro y fuera de Burgos se esgrimieron, en la noble misión de divulgar en unas ocasiones y aquilatar en otras, puntos contradictorios y señeros de nuestra historia y arte.

Sus opiniones, en normas generales, seguidas y acatadas, por el prestigio de su magisterio docto y documental, fueron, también, a las veces temidas y aun en casos concretos, amplia y briosamente combatidas, ya que Martínez Burgos, maestro indiscutible en este campo, no tan solo no rehuyó polémicas sino que a veces las buscó bravamente; más quede bien sentado que si siempre fue en ellas contundente no lo fue menos justo, buscando, y a las veces hallando la deseada luz, en muy loables empeños culturales; y no olvidemos, en este orden de cosas, que con lo que hizo y supo encontrar él, en unas ocasiones, y con lo que sus antagonistas, varios de entre ellos de muy recios valores, aportaron también en loables y encendidas contiendas del espíritu, el libro primoroso de nuestra historia y arte se ve hoy, ennoblecido con bellas y verídicas páginas.

Campo abonado para la exteriorización de un buen número de sus autorizadas opiniones, en los terrenos arriba mencionados, fueron las páginas de nuestro Boletín, del que se contaba entre el número ya triste y terriblemente exiguo de sus denodados e ilustres fundadores. En sus páginas vertió Martínez Burgos, muy numerosas veces, la miel de sus bien cimentadas opiniones, embellecidas por los primores de una prosa castiza y magistral. Nuestra querida publicación, pierde con la falta del recordado ausente, quizá el más autorizado de sus normales forjadores, no tan sólo en el punto de vista valioso de su colaboración nunca regateada, sino además por los quilates de sus orientaciones y consejos, tantas veces por mi solicitados para la más acertada dirección de este querido hijo del espíritu.

 De lo profundo de sus estudios humanísticos y de su acabado conocimiento de nuestros clásicos, nos dan cumplida muestra los luminosos prólogos y notas eruditas que puso en los tres volúmenes que en la colección de «Clásicos Castellanos», llevan por títulos: “Menosprecio de la Corte y alabanza de la aldea”, de Fray Antonio de Guevara; “Cántico espiritual”, de San Juan de la Cruz, y “Guía de pecadores”, de Fray Luis de Granada.

La Torre y Arco de Santa María, estuche meritísimo del Museo Arqueológico Provincial, que él, durante tan largos años dirigiera, estimuló su curiosidad cultural, nunca colmada, y no tan sólo a esta insigne mole burgalesa sino también a los primores artísticos que ella supo cobijar amorosa, dedicó hasta tres veces sus publicaciones.

Su “Fray Francisco de Vitoria”, es el granito de arena corajudo y macizo, con el que el querido colega, burgalés de solera, quiso y supo figurar con honor, en la nómina de unos pocos eruditos locales, que abroquelados en la verídica afirmación de Arriaga, quisimos y en buena y documental lid supimos, rebatir la gregaria aunque secular afirmación de Marieta, sobre la natividad alavesa del eximio dominico Fray Francisco de Vitoria y Compludo.

A la historia artística de nuestra Catedral, pese a los ya casi exhaustivos trabajos a ella dedicados, aun la supo ofrendar, y bien recientemente, bellas y concienzudas páginas, en su obra , cuidadísima, erudita y amena, supo dosificar con magistral acierto, de una parte, un acervo divulgador, apto para el gran público, con una maestría de subidos quilates y una crítica constructiva y serena, al estudiar temas cruciales de la historia y el arte burgaleses. Lo halagador del tema y la ubérrima mies, abren a nuestra pluma campos ilimitados; mas forzoso es cortar, aunque no sin dedicar unas últimas líneas a su “Poema del Mio Cid”,  al que en cumplida justicia, habremos de llamar el canto del cisne del recio burgalés que en esta su obra cumbre y como fruto logrado de muchos años de intenso laborar, supo frenar y pulir, sin hacerlos perder en nada su agridulce y encanto primitivos, los versos de nuestro gran poema, prestos a desbocarse entre las estrofas de aquel anárquico “mester de yoglaría”.

En nuestros famosos cursos de verano para extranjeros, era, en unión del autor de estos torpes renglones, un veterano de aquellos primeros y ya remotos tiempos, en los que un plantel de hombres beneméritos que se llamaron Angel Vegue, Pedro Salinas, José Sarmiento, por no citar más que los nombres cumbres; a las órdenes todos, de aquellos dos capitanes del espíritu que se llamaron Ernest Merimée y Rodrigo de Sebastián, alumbrábamos el hilito de agua, que trocado más tarde en torrente magnífico de afanes de cultura, habría de llevar el buen nombre de Burgos, hasta muy lueñes tierras.

 Y atrás quedan docenas de trabajos, conferencias y actuaciones culturales y sociales diversas, que en unión de lo aquí torpemente esbozado, han de integrar el más bello homenaje que tributar se pueda a su ilustre memoria.

Ismael García Rámila

http://hdl.handle.net/10259.4/1275

MATÍAS MARTÍNEZ BURGOS, DIRECTOR DEL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE BURGOS

Durante 37 arios rigió los destinos del Museo el Sr. Martínez Burgos. Nació en San Martín de Humada, el 25 de febrero de 1880. Cursó sus estudios con los Padres Claretianos, obteniendo el grado de Doctor en Teología. Se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Salamanca; posteriormente se doctoró con premio extraordinario con la tesis sobre Séneca. Ingresó mediante oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos el 28 de julio de 1911, habiendo sido destinado al Archivo de Hacienda de Burgos. El 14 de julio de 1913 pasó a la Biblioteca y Museo de esta misma capital, permaneciendo en la primera hasta el año 1944 y al frente del segundo hasta su jubilación, que tuvo lugar el 25 de febrero de 1950.-Falleció el 1 de julio de 1957.

Fue académico correspondiente a las Reales Academias de la Historia y de San Fernando, Secretario y Vicepresidente de la Comisión de Monumentos, académico de la Institución Fernán González, etc. Hombre de vastísima cultura, publicó numerosísimas obras, siendo las más importantes: Don Alonso de Cartagena obispo de Burgos, Los antiguos gremios de artesanos, Torre y Arco de Santa María, La Biblia de Maguncia, La Casa del Cordón, Catálogo del Museo Arquelógico Provincial de Burgos, En torno a la Catedral de Burgos, Fray Francisco de Vitoria, Guía Turística de Burgos, Iglesia de San Nicolás, El Palacio de los Condestables de Castilla, Nicolás de Vergara, Poema de Mío Cid, El Siglo de Oro burgalés, San Juan de Ortega, Los sepulcros de madera policromada del Monasterio de Vileña, etc.

Durante su mandato se llevó a cabo en el año 1930 la reinstalación del Museo en la Torre de Santa María, tomó parte en varias campañas arqueológicas, y numerosos y valiosos fueron los objetos que acrecentaron las colecciones del Museo.