¿Existió un antiguo camino a Santiago por Valdehumada?

 El Camino de Santiago se considera ruta histórica de peregrinación desde que un ermitaño, llamado Paio (Pelayo), encontró los restos del Apóstol Santiago el Mayor, en Galicia, sobre el año 823.

“Todos los caminos conducen a … Santiago”

Este dicho aplicado a Roma bien puede aplicarse a Santiago de Compostela ya que son muchas los caminos que se dirigen a la ciudad compostelana; los estudiosos del tema han llegado a determinar varias decenas de rutas en la península ibérica.

En el siguiente mapa se recogen los caminos más conocidos.

mapa tomado de https://www.pilgrim.es/

Origen del camino de Santiago según la tradición ….

Según la tradición Santiago el Mayor fue uno de los principales seguidores de Jesucristo y, al igual que el resto de los Apóstoles, dedicaría su vida a predicar y extender el Evangelio por todo el mundo, llegando hasta tierras de Hispania concretamente hasta tierras de Gallaecia (Galicia). Regresó a Palestina en el año 44 d.C., donde el rey Herodes Agripa I ordenaría su muerte. Santiago se convierte así en el primer Apóstol en morir por la fe cristiana.

Desobedeciendo la orden del rey de dar sepultura a Santiago, sus discípulos Teodoro y Atanasio decidieron recoger su cuerpo y huir en barca hasta la costa norte de la Gallaecia y remontar el río Ulla llegando hasta Iria Flavia. Aquí comenzaría una nueva aventura para los discípulos del Apóstol: la de conseguir enterrar el cuerpo de Santiago.

Iria Flavia estaba gobernada entonces por la reina pagano Lupa, que sometió a Teodoro y Atanasio a duras pruebas antes de concederle permiso para dar sepultura al Apóstol Santiago. La más conocida es la de los bueyes que los discípulos de Santiago piden a la reina para poder transportar el cuerpo. Para impedir sus planes, Lupa les dejó unos bueyes salvajes. Pero ante las oraciones de Teodoro y Atanasio, los animales se hicieron dóciles y permitieron trasladar el cuerpo del Apóstol.

Cuenta la leyenda que son los propios bueyes los que deciden finalmente el lugar del enterramiento de Santiago. Sería en una zona cercana a la fuente en la que se pararon a beber y que hoy en día se conserva en la Rúa do Franco de Santiago, a apenas 100 metros de la Catedral y de la Plaza del Obradoiro.

Ante este milagro, la reina Lupa se convertiría al cristianismo y proporcionaría un sepulcro al Apóstol, que quedó al cuidado de sus discípulos. A su muerte, sus cuerpos fueron enterrados junto a los de su señor y la tumba quedó en el olvido durante siglos.

Primeras peregrinaciones

Ocho siglos tendrían que pasar, concretamente en el año 823, para que los restos del Apóstol fuesen reencontrados. Pelayo, un humilde ermitaño que vivía en el monte, comenzó a ver en el cielo unos destellos luminosos y como unas estrellas que señalaban un lugar concreto.

Tras ver el fenómeno varias noches, el ermitaño decidió abandonar su cueva y corrió a contárselo a Teodomiro, obispo de Iria Flavia. Tal era la insistencia de Pelayo que el obispo decidió comprobar con sus propios ojos el fenómeno estelar. Ambos decidieron acercarse al lugar y descubrieron oculto un sarcófago con tres cuerpos. El obispo Teodomiro se dio cuenta enseguida cuenta que acababan de encontrar la tumba del Apóstol.

Ante la importancia del hallazgo, Teodomiro decide desplazarse a Oviedo, capital del reino, y contárselo al monarca Alfonso II, el Casto. El rey, consciente de la importancia del descubrimiento, decide comprobarlo personalmente en el año 834. Así, el rey Alfonso II se convierte en el primer peregrino de la Historia. Y su recorrido entre Oviedo y la tumba del Apóstol, en la primera Ruta Jacobea, es la que hoy conocemos como Camino Primitivo que partiendo de Oviedo atraviesa el Principado de Asturias y penetra en Galicia por Lugo hasta Santiago.

El propio monarca mandará construir un templo en el paraje que se llamaría “Campus Stellae” para albergar los restos del Apóstol y que sea digno de visitar por parte de otros monarcas cristianos. Posteriormente este tempo, después de varias ampliaciones a lo largo de los siglos, se convirtió en lo que hoy es la Catedral de Santiago de Compostela (“Campus Stellae”).

La noticia se fue extendiendo como la pólvora y a esta primera  peregrinación de Oviedo a Santiago le sucederían en el s. XI muchas más. Surgieron nuevas rutas por Francia, Italia, Inglaterra y el Imperio Germánico como el  Camino Francés que partiendo de la localidad francesa de Sant Jean Pied penetra en la península por Roncesvalles, recorriendo tierras navarras, riojanas y de la meseta norte para introducirse en Galicia hasta Santiago. Pronto se convirtió en la mayor ruta de peregrinación de la Europa Medieval adquiriendo cada vez una mayor relevancia hasta ganarse el título de la ruta más reconocida internacionalmente y, por consiguiente, la más importante a nivel económico y social. Además, gracias a su importancia, se construyeron grandes edificaciones que forman parte hoy en día del grandioso patrimonio histórico y cultural que rodea la ruta jacobea.

Existe otro camino, el Camino Aragonés,  enlaza el puerto de Somport en la frontera hispano-francesa, pasando por Jaca,  con la localidad navarra de Puente la Reina, donde se une con el Camino Francés procedente de Roncesvalles.

Otra de las rutas seguidas por los peregrinos medievales es el Camino del Norte, que discurre, en su mayor parte, próximo a la costa cantábrica evitando así los territorios dominados por los musulmanes que habían invadido la Península Ibérica.

Se trata de una de las vías con mayor historia junto con el Camino Primitivo, y con una antigüedad similar a la ruta francesa. Era la vía utilizada en numerosas ocasiones por los reyes de todo el continente europeo para alcanzar Santiago. Parte de Irún en dirección a Compostela, dejando atravesando ciudades como San Sebastián, Bilbao, Santander o Gijón hasta adentrarse en Galicia

Este camino nunca fue muy frecuentado a causa de la intrincada orografía y al menor número de localidades que ofrecían hospitalidad y perdió protagonismo tras la reconquista  y la consiguiente estabilización de los territorios y a la preferencia del  trazado francés por parte de la monarquía del siglo XII. A pesar de ello, la persistencia de peregrinaciones que en ocasiones llegaban por costa a los puertos vascos y cántabros consiguieron por fin afianzar el que pasaría ya a conocerse también como Camino de la Costa.

Otro itinerario documentado es el Camino Olvidado, Camino Viejo o Camino de la Montaña es una ruta considerada como una de las primeras vías del trazado jacobeo que desde Pamplona o Bilbao avanza por el norte del Camino Francés hasta unirse a éste en Cacabelos. 

El brazo “pamplonés” pasa por Alsasua, Salvatierra, Vitoria, Frías, Oña, Sedano, Amaya, Aguilar de Campóo, Carrión, Astorga y por el Bierzo se introduce en Galicia.

Existen otros caminos también importantes como La Vía de la Plata, el Camino Inglés, el Camino Portugués, la Ruta de la Lana, el camino Vasco Interior, … cuyo estudio haría demasiado prolijo este artículo.

¿Existió realmente un camino a Santiago que recorrió el territorio de Valdehumada?

Cuando en época de Alfonso II (s. IX) se encuentra el sepulcro del apóstol Santiago, se inicia una corriente de peregrinación que aún persiste. Peregrinos de todo el orbe cristiano acudían a Compostela por distintas rutas: primero por las difíciles sendas de la costa cantábrica (Camino del Norte); después, a través de los pasos de la cordillera Cantábrica hacia la meseta, aprovechando los viejos caminos consolidados por los romanos (Camino Viejo u Olvidado). Y cuando el reino de León se consolida al sur del Duero y se asegura la frontera con los musulmanes, el Camino Francés adquiere mayor protagonismo

Aunque parece ser que es el Camino Olvidado el más próximo a nuestras tierras, la realidad es que no tenemos ninguna noticia histórica concreta sobre los itinerarios que pudieron seguir los peregrinos con anterioridad al siglo XI, ni existen documentos escritos que confirmen el paso del  camino por Valdehumada. Sólo disponemos de las opiniones de algunos historiadores que hacen referencia al recorrido del camino por nuestros parajes. 

La situación de los reinos cristianos hizo que este Camino Olvidado, una de las más antiguas rutas, fuera relativamente frecuentada entre los siglos IX y XII. El intrincado itinerario costero y la peligrosidad de los caminos de la meseta, por los continuos ataques de las tropas musulmanas lo convirtió en una alternativa segura que permitía, tras atravesar la cordillera pirenaica o cantábrica, seguir hacia la baja montaña, por un terreno sinuoso y de dificultad media.

Una vez que las tierras llanas de la Meseta Norte fueron reconquistadas, los reyes de Navarra y de Castilla y León promovieron el uso de una ruta situada más al sur, para facilitar el tránsito de los peregrinos y también el comercio, impulsando así el Camino Francés en detrimento del Viejo Camino de Santiago quedó en desuso, de ahí el nombre de Camino Olvidado.

Como vemos en el mapa el Camino Viejo o Camino Olvidado iniciaba su recorrido en España por dos puntos.

Uno de los trayectos penetraba en la Península por Irún, pasando por Bilbao, Valmaseda, Espinosa de los Monteros, Reinosa, Aguilar de Campóo, Guardo, La Robla, Cacabelos, donde empalmaba con el actual camino Francés. Como se aprecia en el mapa existía una ligera variante desde Espinosa de los Monteros por Trespaderne a Aguilar de Campóo…

El otro se adentraba por la localidad navarra de Urdazubi, recorriendo Pamplona, Alsasua, Vitoria, Frías, Poza, Basconcillos del Tozo, Alar del Rey, Aguilar de Campóo siguiendo por la ruta descrita anteriormente. También éste camino experimenta algunas variaciones, para algunos historiadores desde Frías pasa por Oña, Sedano, Amaya y Aguilar. Es esta ruta la que a nosotros nos interesa ya que parte de su recorrido pasa por nuestros parajes.  

Origen histórico del Camino Olvidado

El Camino Olvidado es una de las primeras rutas jacobeas, entre los s. IX y XII de las que se tiene constancia.  Peregrinos de todo el orbe cristiano acudían a Compostela por distintas rutas: primero por las difíciles sendas de la costa cantábrica; después, a través de los pasos de la cordillera Cantábrica, aprovechando los viejos caminos consolidados por los romanos. Así es que los peregrinos una vez franqueados los “pasos altos” de la cordillera pirenaica o cantábrica, utilizaron, aprovechando en gran parte las vías romanas, el trazado de la baja montaña que, aunque sinuoso y de dificultad media, era más seguro ya que discurría bajo la custodia de castillos, fortificaciones y torres de vigilancia a cuyo amparo acudieron monjes y repobladores.

Así nació el “Viejo Camino de Santiago” . Es racional y demostrable la existencia del Camino Olvidado, pero es tarea más complicada descubrir su trazabilidad. Julián de San Pelayo  en 1892 reconoce que “apenas ha llegado alguna reliquia hasta nosotros”. Y J. M. Luengo a mediados del siglo XX escribía: “De esta antiquísima vía montañera poco se sabe aún, tanto por haberse ido perdiendo la tradición de su paso por los pueblos, como por la escasez de fidedignas fuentes documentales uniéndose a esto también la carencia de restos materiales que testimonien la dirección de la calzada, aunque es de suponer que ésta no sería obra de cierta importancia, sino simples senderos abiertos al tránsito” . Testimonio jacobeos, monumentos románicos, leyendas, infraestructuras (fortificaciones, puentes, hospitales…), avatares históricos… son las piezas que nos han de servir para reconstruir un “Camino Olvidado“.

El Camino Olvidado se convierte así en uno de los itinerarios primigenios de peregrinación a Compostela junto con el Camino Primitivo (desde Oviedo) y el Camino del Norte (desde Irún). Al igual que estas dos rutas, el Camino Olvidado permitía a los peregrinos cristianos de la Península y de Europa llegar a Santiago esquivando territorio musulmán.

A medida que la Reconquista fue avanzando por el territorio peninsular, los peregrinos fueron abriendo nuevas vías hacia Santiago. El Camino Olvidado evita los numerosos inconvenientes de la franja cantábrica, caracterizada por una meteorología casi siempre adversa, una orografía complicada y constantes ataques piratas. Y más tarde cuando el reino de León se consolida al sur del Duero y se asegura la frontera con los musulmanes es cuando el Camino Francés adquiere protagonismo sobre los demás.

La mención más antigua que se conserva del uso del camino como ruta para llegar a Compostela aparece en la Crónica Silense, escrita alrededor del año 1110, anterior en unos veinte años al Codex Calixtinus, (1140) obra de Aymeric Picaud, considerada esta obra como la primera guía de las peregrinaciones jacobeas que describe las etapas del actual camino francés.

En la Crónica Silense se menciona que “los reyes desviaron el camino de los peregrinos más hacia el sur, por miedo a los musulmanes, ya que antes iban por Álava y las Asturias”. Este fragmento es el principal argumento esgrimido por los historiadores que defienden la teoría de la existencia de un anterior Camino Viejo sobre el Camino Francés, ruta por tierras más llanas que comienza a finales del s. XI que debe a autoría al rey de Navarra, Sancho el Fuerte, y al rey de Castilla y León, Alfonso VI, quienes como hemos indicado desviaron la ruta más al sur por su menor dificultad y por razones comerciales.

Otros testimonios

En la primera mitad del s. XIII el cronista D. Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, escribe la Historia de los hechos de España (De rebus hispaniae) por encargo del rey Fernando III el Santo. Dirá que a principios del s. XI Sancho el Mayor, transitó el camino pasando por Nájera, Tricio, Leiva, Briviesca, Amaya, pasando por los límites de Carrión hasta León y Astorga, el mismo camino que antes los peregrinos seguían por Alava y por las sendas extraviadas de Asturias (Asturias de Santillana: región que comprendía el centro-oeste de Cantabria y la zona este de Asturias) ante el temor de los árabes.

De D. Ambrosio de Morales, humanista e historiador, en su obra “Historia General”, Tomo III, pág. 392, escrita en 1791, es la siguiente cita textual  “El Obispo Don Lucas escribe, tomándolo también del Arzobispo (D. Rodrigo Jiménez de Rada), como suele, que el Rey Don Sancho allanó y abrió el camino de Santiago a los peregrinos, habiéndoseles destruido y atajado con guerras pasadas y entradas continuas de Moros, siendo forzados por esto los peregrinos a rodear con mucho trabajo por las montañas de Álava y de Asturias. Enderezóles el Rey el camino por lo llano, así que desde Nájera fuesen por Briviesca y Amaya, y pasando por las comarcas de Carrión, y tocando en León, fuesen a salir a Astorga, y por el Bierzo se metiesen en Galicia, como ahora se hace por el camino llamado comúnmente Francés. Y es mucho de notar en este hecho la grande antigüedad de la peregrinación a visitar el cuerpo del Santo Apóstol, pues mucho antes de ahora ya se frecuentaba.

Ya en el s. XX D. Ramón Menéndez Pidal asumiría la versión de Jiménez de Rada interpretando a su modo que antes de abrirse el camino francés hubo un primitivo itinerario por la costa, que pasaría por Alava y Asturias (de Santillana) y que entraría por Irún; un camino que Sancho el Mayor de Navarra mudaría ya en el siglo XI por Nájera a Briviesca, Amaya y Carrión y más tarde por Santo Domingo de la Calzada, Belorado, Burgos. 

 “Este camino único desde Puente la Reina de Navarra a Santiago era el llamado Camino francés, Vía Francigena. Primitivamente por temor a los moros este camino subía de Navarra al norte de Castilla por tierras de Álava y Asturias para ir más a cubierto de las incursiones de los musulmanes. Sancho el Mayor de Navarra lo mudó a principios del siglo XI a la tierra llana por Logroño, Nájera, Briviesca, Amaya y Carrión, aprovechando una antigua vía romana. Pero hacia finales del mismo siglo, Santo Domingo de la Calzada lo rectificó dirigiéndolo más al sur por Belorado y Burgos y Alfonso VI, apoyando y ensanchando los planes del santo, construyó los puentes necesarios desde Logroño hasta Santiago”.

 Luciano Huidobro y Serna, ilustre historiador, nacido en Villadiego autor del libro“Peregrinaciones Jacobeas” en el que afirma que el conde don Diego de Porcelos (s. IX) cambió la ruta del Camino, que venía por Álava y Asturias de Santillana huyendo de las molestias de los moros, trayéndole desde Nájera por Briviesca a Amaya y por los confines de Carrión.

Sub isto comes Didacus Porcelli populavit Burgis… et iter sancti Jacobi, qoud propter insultus arabum per Alavan et Asturiarum Devia frecuentabat, ab Anagaro per Briviescam et Amaiam inmutavit, et per confinia Carrionis, donec ad Legionem et Astoricam veniatur”.

Después el conde Diego de Porcelo pobló Burgos… y el camino de Santiago,  que frecuentaba por Alaba y Deva de la Asturias, a causa de los frecuentes ataques de los árabes lo cambió por Nájera, Briviesca y Amaya y por los confines de Carrión alcanza hasta León y Astorga” 

José Fernández Arenas, eminente historiador burgalés, profesor de Arte, catedrático emérito de la Universidad de Barcelona, investigador jacobeo, en su libro “Los Caminos de Santiago: Historia, Arte y Leyendas” hace un estudio de los caminos a Santiago existentes antes de la definición del Camino Frances dice que cuando el trazado del Camino en el tramo entre Sedano y Aguilar de Campóo baja más allá de Valderredible, transcurre por Masa, Montorio, La Nuez de Arriba, Úrbel del Castillo, La Piedra, Fuente Úrbel, Talamillo del Tozo, Fuencalenteja, San Martín de Humada, Humada, Villamartín de Villadiego y Amaya, subiendo desde aquí hasta Aguilar de Campóo a través de Alar del Rey, Santa María de Mave y Olleros”.

El doctor en Historia, D. Luis Martínez García, que fue profesor titular de la Universidad de Burgos, al tratar el tema del Viejo Camino de Santiago sostiene que … “Algunas fuentes cronísticas como la Historia silense (a. 1120) según la cual Sancho el Mayor de Navarra abrió el Camino por Nájera, evitando con ello el inconveniente del desvío que los peregrinos hacían yendo por las sendas extraviadas de Álava ante el temor a los árabes. Un siglo más tarde, el cronista Jiménez de Rada (De rebus hispaniae) la reinterpretó y modificó sustancialmente. Dirá que Sancho el Mayor llevó el camino por Nájera, Briviesca y de Amaya a Carrión, el mismo camino que antes los peregrinos seguían por Álava y por las sendas extraviadas de Asturias (de Santillana) ante el temor de los árabes. Ya en el siglo XX, R. Menéndez Pidal asumiría la versión de Jiménez de Rada interpretando a su modo que antes de abrirse el camino francés hubo un primitivo itinerario por la costa, que pasaría por Álava y Asturias (de Santillana) y que entraría por Irún; un camino que Sancho el Mayor de Navarra mudaría ya en el siglo XI por Nájera a Briviesca, Amaya y Carrión y más tarde por Santo Domingo de la Calzada, Belorado, Burgos…”

 Modesto Lafuente en su obra “Historia General de España”, escrita a mediados del s. XIX, tomo II, notas al pie pág. 59 escribe refiriéndose al rey Sancho de Navarra “y entonces hizo, acaso también a abrir el nuevo camino desde Francia a Santiago de Galicia, por Navarra, Briviesca, Amaya, Carrión, … para los peregrinos que antes iban rodeando por las montañas de Álava y Asturias”

Los historiadores Luis Vázquez de Parga, José Maria Lacarra, Juan Uría Riu, en su obra conjunta “Las peregrinaciones a Santiago de Compostela” abordan la cuestión de si el camino de la peregrinación tuvo ya en tiempo de Sancho el trazado clásico o hubo otros caminos anteriores. De acuerdo con las noticias del arzobispo D. Rodrigo Jiménez de Rada, el camino “ … desde Nájera se dirigía por Briviesca y Amaya, para llegar a León, pasando por el límite norte del territorio de Carrión, ya que no podría encontrársele explicación plausible a que bajase otra vez hacia el sur para tocar en esta ciudad. Menéndez Pidal cree que al seguir este itinerario el camino trazado por Sancho el Mayor aprovechaba una antigua vía romana, y que sólo “a fines del mismo siglo [XI], y a partir del pueblo de Santo Domingo de la Calzada, el camino se dirigió más al sur, para pasar por Belorado y Burgos”, y que “entonces fue cuando Alfonso VI de Castilla rehízo todos los puentes del tránsito desde Logroño a Santiago”. Pero es el caso que, aunque esta supuesta vía, que enlazase León con Amaya y Briviesca, tendría una explicación lógica al evitar en la comunicación de estas poblaciones un rodeo considerable, no parece quede de ella huella alguna, ni hemos visto se la aluda en ninguno de los estudios dedicados a los caminos romanos de esta región en los últimos tiempos. Ni Sánchez Albornoz la traza en el mapa que acompaña a su estudio sobre las “Divisiones tribales y administrativas del solar del reino de Asturias en la época romana” ni tampoco la encontramos en el muy reciente de Schulten del teatro de la guerra cántabra. No quiere esto decir que creamos deba rechazarse sin más la noticia tan concreta de Jiménez de Rada, pero sí hacer notar que por ahora su testimonio aparece aislado y sin dato alguno que lo apoye”. Consejo Superior de Investigaciones Científicas – Escuela de Estudios Medievales.

Hasta aquí el trabajo sobre la hipótesis de un posible camino a Santiago por nuestra zona que ha consistido únicamente en transcribir las  versiones de los historiadores que narran la existencia de una ruta jacobea por Amaya y por consiguiente por nuestra zona.