6 mayo, 2021

La calera de Ordejón de Arriba

LA CALERA DE ORDEJÓN DE ARRIBA

Fuente de información: https://www.tecnicaindustrial.es/calero-un-oficio-perdido/

Este trabajo pretende poner de manifiesto un oficio ya desaparecido, el de calero que tanta importancia tuvo en épocas pasadas en las construcciones populares.

La obtención artesanal de cal en los hornos, llamados caleras, es ya una actividad extinguida en nuestra zona ya que la moderna industria actual, unida al descubrimiento de nuevos materiales, la ha relegado al olvido.

El proceso de obtención de la cal consistía en quemar piedras calizas en las caleras por eso estos hornos se construían donde la piedra y el combustible, la madera, eran abundantes.

La piedra caliza es una roca formada por carbonato de calcio (CaCO3)

El proceso químico que tiene lugar dentro del horno es el siguiente:

Piedra caliza + calor = dióxido de carbono + óxido de calcio (cal viva)

  CaCO3         +  calor =                 CO2                     +                CaO

El horno de cal o calera

Básicamente un horno de cal tradicional es un pozo cilíndrico, cuyas paredes deben estar recubiertas de arcilla para evitar la dispersión de calor. Debe tener una poyata que sirve de base a las paredes, en su parte inferior tiene una boca por donde se alimenta el fuego.

Proceso de fabricación tradicional de la cal

Como hemos visto, el proceso consistía básicamente en quemar la piedra caliza hasta transformarla en cal viva.

Las materias primas utilizadas eran piedras calizas y combustible (ramas y troncos de roble o encina).

El primer trabajo era recoger la leña que se utilizaba como combustible que era cortada y hacinada durante un par de meses antes para que se secara totalmente.

La siguiente tarea que se llevaba a cabo era limpiar el horno de los residuos que habían quedado de la cocción anterior, quitando los restos de piedra y cenizas. Si era necesario, se recubrían las paredes de arcilla en aquellos lugares donde ésta había desaparecido. Las paredes debían estar totalmente cubiertas de arcilla, que una vez seca y con el fuego que se obtiene durante la producción de la cal se cuece, formando una capa que evita las pérdidas de calor del horno.

Posteriormente se recogían las piedras calizas y se transportan hasta el horno. El transporte se realizaba normalmente a lomos de burros. Estas piedras, dependiendo del lugar, podían estar sueltas en la superficie del terreno o bien había que extraerlas de las rocas o  canteras.

Una vez obtenidas las piedras suficientes se procedía  a armar el horno: las piedras se colocaban formando una falsa bóveda, cuya base estaba en la poyata del horno, y se iban poniendo unas encima de otras de forma que se vayan sujetando entre sí. Esta labor se hacía desde el interior, para finalizar en el exterior. Además de colocarlas con cuidado para que no se caiga la bóveda, se debía tener en cuenta que el calor que se producía durante la combustión llegara por igual a todas las piedras que ocupaban la totalidad del horno. Era preciso que entre las piedras quedaran huecos, por los que pasen las llamas y que hagan también de chimenea.

La época más apropiada para la fabricación de la cal era generalmente la primavera y el otoño, para evitar los días de excesivo calor y siempre evitando días lluviosos.

El horno se encendía al amanecer y la calcinación duraba tres días y dos noches. Una vez encendido el horno se iba alimentando de combustible por la boca. En las primeras horas se formaba una gran humareda de color blanco, debido a que las piedras desprendían toda la humedad que llevan en su interior. La alimentación del horno debe era continua y uniforme para que vaya subiendo la temperatura en su interior. A medida que la temperatura aumenta, las piedras del interior cambiaban su color por otro más blanquecino. Cuando el agua que llevan las piedras ya se había evaporado  el humo empezaba a salir más negro.  En el interior del horno ya se había alcanzado los 900-1.000 ºC, ideales para la calcinación de la piedra y ahora sólo quedaba mantener la temperatura.

A partir de aquí el proceso era lento y sencillo, simplemente había que alimentar el fuego e ir sacando las cenizas que se acumulaban en su interior para que no dificultaran la combustión durante tres días y dos noches.

En el tercer día de cocción, cuando el calero creía que ya había terminado el proceso, se dejaba de alimentar el fuego. Entonces la boca del horno se tapaba con una chapa metálica y con tierra, dejando una pequeña abertura para que la piedra se vaya recociendo. Durante una semana el horno permanecía así, casi cerrado, para que perdiera el calor lentamente.

Cuando el horno ya se había enfriado se destapaba la boca. Una buena señal de que la piedra estaba bien cocida es que la bóveda de piedras se hundiera.

Se empezaba a sacar la cal por la parte superior del horno hasta quitar todas las piedras. Si pesaban poco y se rompían con facilidad, era señal de que la cal se había cocido bien.

En este proceso tradicional se obtenía un rendimiento en peso del 60-70 % respecto a las originales.

La cal así obtenida debe ser conservada en recipientes que la alejen de la humedad hasta el momento de ser utilizada.

Aplicaciones populares de la cal

La cal viva obtenida en este proceso es muy cáustica por lo que para ser utilizada debe ser apagada echando agua para convertirla en hidróxido de calcio. Este proceso se llama apagado de la cal.

La reacción química es la siguiente:

Cal viva + agua = hidróxido de calcio (cal apagada) + calor

    CaO   + H2O =    Ca(OH) 2                                            + calor

En este proceso se produce la desintegración rápida de las piedras que se diluyen en el agua. Dejando secar esta pasta se puede obtener la cal en polvo. 

Los usos tradicionales de la cal son varios, entre ellos se pueden destacar:

– Aprovechar el poder cáustico y desinfectante de la cal para evitar que los insectos suban a los árboles frutales, aplicando con una brocha la cal por el tronco. Igualmente se usa para cauterizar las heridas de los árboles tras la poda.

– Como mortero o argamasa, empleado en la construcción de edificios populares, aprovechando la cualidad de la cal de adquirir gran dureza al contacto con el aire. La cal apagada en polvo se mezcla con arena y agua para hacer el mortero. La cal usada en el mortero recupera el COde la atmósfera, recuperando su dureza original y devolviendo el agua que tomó durante el proceso de apagado:

Hidróxido de calcio o cal apagada + dióxido de carbono = carbonato cálcico + agua

 Ca(OH) 2                                        +                CO2                     =              CO3Ca         + H2O

– Elaboración de pinturas murales con la técnica del fresco. El proceso es el mismo, se va dando la capa de mortero fino y mientras aún está tierna se realiza el fresco que al quedar la capa caliza dura, con la pintura en su interior, proporciona al fresco una gran resistencia a los agentes externos y al paso del tiempo.

– Para el revoque, lo mismo que en el fresco, la cal apagada mezclada con arena fina se utiliza para revocar las construcciones y dotarlas de un aspecto más estético y una gran protección frente a los elementos climáticos, al convertirse esta lechada de cal, una vez seca, en una capa impermeable al agua.

– Para blanquear las paredes, además del factor estético, en este uso se tenía en cuenta su poder desinfectante, tanto es así que en muchas ocasiones se llegaron a tapar frescos en iglesias mediante capas de cal para evitar la propagación de enfermedades.

– Prevención de infecciones en el caso de enterramientos de cadáveres durante las epidemias.

– Impermeabilización de estanques y aljibes.

– Corrección de la acidez de algunos suelos agrícolas.

Situación actual de las caleras

En general, la situación de los hornos de cal es de total abandono, por lo que su estado de ruina en la mayoría de los casos es tal que son difícilmente recuperables. Ello es debido a su falta de uso y a la dejadez de las autoridades competentes, tan insensibles con el patrimonio etnográfico.

Sólo en algunos casos, los hornos han sido recuperados y mantenidos en buen estado, gracias a la labor de asociaciones y grupos de personas que pretenden conservar y dar a conocer estas construcciones, que formaron parte de nuestra vida hasta hace pocos años

La calera de Ordejón de arriba

En Valdehumada, concretamente en el término de Ordejón de Arriba, quedan restos de una antigua calera, situada a escasos cerca del pueblo, a escasos metros de la carretera BU-621  a Villadiego, desde la que se ve perfectamente su parte frontal.

A continuación o presento unas imágenes tomadas por Maria Luisa y Beni de Ordejón de Abajo a quienes agradecemos su colaboración.

A continuación un enlace a un vídeo que explica muy detalladamente el proceso de obtención de la cal en una antigua calera. Aunque es un poco largo creo que merece la pena verlo entero.

https://www.documentalesetnograficos.es/es/el_horno_tradicional_de_cal_oficios_perdidos.php