﻿{"id":7913,"date":"2023-03-10T09:32:05","date_gmt":"2023-03-10T08:32:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lawebdevaldehumada.es\/?p=7913"},"modified":"2025-11-15T11:18:47","modified_gmt":"2025-11-15T10:18:47","slug":"consideraciones-economicas-sobre-el-oppidum-de-la-ulana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lawebdevaldehumada.es\/?p=7913","title":{"rendered":"CONSIDERACIONES ECON\u00d3MICAS SOBRE EL \u00abOPPIDUM\u00bb DE LA ULA\u00d1A\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">\u00a9 Universidad de Salamanca Zephyrus, LXII, julio-diciembre 2008, 151-162 152 A. B. Mar\u00edn Arroyo y M. Cisneros Cunchillos \/ Consideraciones econ\u00f3micas sobre el oppidum de La Ula\u00f1a&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Ana Bel\u00e9n MAR\u00cdN ARROYO* y Miguel CISNEROS CUNCHILLOS**<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\"><em>* Leverhulme Centre for Human Evolutionary Studies. University of Cambridge. The Henry Wellcome Building. <\/em><em>Fitzwilliam Street. CB2 1QH Cambridge, UK<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\"><em>** Grupo de Historia y Arqueolog\u00eda del Mundo Antiguo y Medieval. Departamento de Ciencias Hist\u00f3ricas. Universidad de Cantabria. Avenida de los Castros, s\/n. 39005 Santander. Correo-e:&nbsp;<a href=\"mailto:cisnerom@unican.es\">cisnerom@unican.es<\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Recepci\u00f3n: 2007-11-20; Revisi\u00f3n: 2008-02-25; Aceptaci\u00f3n: 2008-04-17<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">BIBLID [0514-7336 (2008), LXII, julio-diciembre; 151-162]<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>RESUMEN:<\/strong>&nbsp;El oppidum de La Ula\u00f1a, que tiene una extensi\u00f3n de 285 ha, es el mayor de los asentamientos de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica durante la Segunda Edad del Hierro. Los trabajos arqueol\u00f3gicos han puesto en evidencia un sistema defensivo que combina elementos naturales, como un gran foso de 301 ha, que rodea el yacimiento y que tiene una serie de muros que lo compartimentaban, limitando la circulaci\u00f3n y el acceso a los recursos h\u00eddricos, y estructuras antr\u00f3picas, como una muralla en su lado Norte, el m\u00e1s accesible, y otra que corta el asentamiento en dos partes desiguales. Una serie de caminos entraban en \u00e9l a trav\u00e9s de portillas naturales, dejando expuestos a los visitantes frente a los pobladores. Las viviendas excavadas y los materiales exhumados lo relacionan, fundamentalmente, con la Meseta Norte y el Valle del Ebro. Asimismo, los datos arqueol\u00f3gicos indican un abandono, no necesariamente voluntario, en la segunda mitad del siglo I a. e. El estudio de los restos de macromam\u00edferos encontrados en \u00e9l muestra una econom\u00eda basada, principalmente, en la explotaci\u00f3n de ganado vacuno, seguida del aprovechamiento de ovicaprinos y suidos. Destaca, a pesar de la escasez de restos hallados, el consumo alimenticio de caballo. Las evidencias de caza han resultado m\u00ednimas, s\u00f3lo representadas por jabal\u00ed. Esta informaci\u00f3n se contextualiza con el resto de los datos arqueol\u00f3gicos que, hasta la fecha, ha proporcionado el oppidum, con objeto de establecer un panorama de las actividades econ\u00f3micas realizadas en \u00e9l durante la Segunda Edad del Hierro, haci\u00e9ndose hincapi\u00e9 en los problemas de conservaci\u00f3n de los materiales alterados por diversos procesos post-dep\u00f3sito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Palabras clave<\/strong>: Segunda Edad del Hierro. C\u00e1ntabros. Actividades econ\u00f3micas. Arqueozoolog\u00eda. Tafonom\u00eda. Materiales arqueol\u00f3gicos. Procesos post-dep\u00f3sito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>1. Las estructuras excavadas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La Ula\u00f1a es con sus 586 ha, de las cuales 285 se localizan en la plataforma superior, conformando las 301 restantes una vaguada o \u2018cinto\u2019 que la rodea, a modo de foso natural, el mayor asentamiento de la Segunda Edad del Hierro de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, y uno de los m\u00e1s extensos de Europa&nbsp; (sobre el tema: Cisneros, 2008).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Las excavaciones que venimos realizando desde el a\u00f1o 2000 han afectado a la muralla transversal, la muralla norte, la estructura 55, posiblemente de uso colectivo, y a tres viviendas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Todas las zonas excavadas han sufrido diversos procesos post-dep\u00f3sito, producidos, b\u00e1sicamente, por las ra\u00edces y la escasa potencia del terreno, de apenas medio metro, y las excavaciones clandestinas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s, el estado de conservaci\u00f3n de algunos materiales, como los huesos y dientes y las cer\u00e1micas, fundamentalmente, ha sido afectado no s\u00f3lo por dichos procesos, que han contribuido a su fracturaci\u00f3n (Cisneros y L\u00f3pez Noriega, 2005: 89), sino tambi\u00e9n por la acci\u00f3n de agentes f\u00edsicos, especialmente la meteorizaci\u00f3n, debido a una exposici\u00f3n prolongada a la intemperie, unida a los cambios bruscos de temperatura fr\u00edo\/calor o h\u00famedo\/seco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La muralla norte se adapta, de forma discontinua, a las caracter\u00edsticas topogr\u00e1ficas del emplazamiento. Su anchura oscila entre 3,35 y 3,10 m y la altura conservada en las zonas excavadas no sobrepasa los 1,5 m; no obstante, su altura se ha calculado entre 3,2 y 3,8 m, aproximadamente, en su parte interna y en unos 5 para la externa (Cisneros y L\u00f3pez Noriega, 2004: 11). El hallazgo, en una de las zonas excavadas de esta muralla, de abundante material arqueol\u00f3gico permiti\u00f3 definir la existencia de un vertedero al exterior, debido a la gran acumulaci\u00f3n de restos \u00f3seos, a que algunos de ellos presentaban fracturas y cortes de car\u00e1cter antr\u00f3pico, y a la presencia de otro tipo de artefactos, como cer\u00e1mica y metales, y de un \u00e1mbito de ocupaci\u00f3n al interior de la misma. Respecto al primero, su disposici\u00f3n estratigr\u00e1fica en la zona de contacto entre la roca madre y el derrumbe de los lienzos de la muralla indica que los restos all\u00ed documentados fueron desechados en un momento en el que la defensa a\u00fan estaba erguida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">En cuanto al \u00e1mbito de ocupaci\u00f3n interior, la carencia de elementos constructivos est\u00e1 paliada con el aprovechamiento de los afloramientos calizos, dando lugar a un espacio de poco m\u00e1s de 10 m2, que posiblemente sea indicativo de una ocupaci\u00f3n relacionada con necesidades defensivas o de vigilancia, ya que desde este punto se obtiene un control directo sobre dos de los caminos de acceso al asentamiento. En este espacio se localiz\u00f3 abundante material arqueol\u00f3gico, destacando el hallazgo de un denario de la ceca de Turiaso (Cisneros y L\u00f3pez Noriega, 2004: 18), que se fecha a principios del siglo I a. e. (Dom\u00ednguez, 1998: 153). Este sistema defensivo se completa con la construcci\u00f3n de una muralla que corta el emplazamiento transversalmente, en direcci\u00f3n general Norte-Sur.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Esta muralla es posterior a la Norte, como se comprob\u00f3 tras la excavaci\u00f3n de la zona de uni\u00f3n de ambas, donde se pudo observar c\u00f3mo \u00e9sta se hab\u00eda destruido por causas naturales, reorganiz\u00e1ndose el sistema defensivo con un nuevo trazado y la erecci\u00f3n de esta muralla transversal. Esta reordenaci\u00f3n se hab\u00eda producido ya en el siglo III o en el II a. e. Esta muralla tiene una longitud de 257 m y presenta una anchura de 3,5 y una altura conservada de poco m\u00e1s de 1 m; no obstante, su altura aproximada se calcula entre 3,6 y 3,9 m para su parte oeste y entre 4,25 y 4,75 para la este (Cisneros, 2006: 34-35).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La estructura 55, excavada parcialmente, pudo haber tenido un car\u00e1cter colectivo, que le atribuimos por su similitud con otra estructura, la 141, y sus caracter\u00edsticas comunes:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">1) Se localizan en las proximidades de dos entradas, la primera frente a una de las del lado Norte, y la segunda frente a una de las del Sur.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">&nbsp;2) Tienen en superficie la misma forma de planta con contorno rectangular, abierta al Sureste, rematada en uno de sus lados, el Sur, en c\u00edrculo, que en la excavaci\u00f3n de la 55 se ha transformado en una exedra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">&nbsp;3) S\u00f3lo se han documentado estas dos con esa forma en las labores de prospecci\u00f3n y son, adem\u00e1s, de las que presentan unas mayores dimensiones dentro del yacimiento: la 55 tiene una longitud de 20,80 m en su muro Norte, 17 en el Sur y 19,80 de anchura, mientras que la 141 tiene unos 16 m de longitud y 7 de anchura (Cisneros, 2004: 100).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Respecto a las viviendas, tanto la 1 como la 2 han sido ya publicadas (Cisneros y L\u00f3pez Noriega, 2005: 89-101; Cisneros, 2006: 37-40) y sus materiales \u00f3seos no son objeto de este trabajo. No obstante, quiz\u00e1 convenga recordar, dado que los materiales que proporcionaron s\u00ed que han permitido establecer la secuencia cronol\u00f3gica del yacimiento, que la vivienda 1 ten\u00eda un hogar rectangular, adosado a su muro norte, en el que se localizaron diversas cer\u00e1micas atribuibles a la Segunda Edad del Hierro, destacando un fragmento de cuerpo, que se decora con un friso que forma un dise\u00f1o en espiga, y base de un vaso de perfil en S, cuyos paralelos los encontramos en vaso 1 del yacimiento de Tardumeros en Melgar de Abajo (Valladolid) o en Monte Bernorio (Cuadrado y San Miguel, 1993: 329-330; Gonz\u00e1lez Morales, 1999: 90; \u00c1lvarez Santos, 2005: 113-114). Otros materiales cer\u00e1micos destacables son los numerosos fragmentos pertenecientes a siete tinajas de almacenamiento de alimentos, de las que cinco se localizaron entre el hogar y el muro este de la habitaci\u00f3n, en el que se abre la puerta; algunas de ellas presentan decoraci\u00f3n, limitada a la mitad superior de los recipientes, la m\u00e1s visible, con bandas decorativas, a base de semic\u00edrculos orientados hacia abajo o alternados hacia abajo y hacia arriba o de c\u00edrculos conc\u00e9ntricos, entre l\u00edneas paralelas, que son caracter\u00edsticos de una etapa celtib\u00e9rica plena (\u00c1lvarez Santos, 2005: 107-110). Ahora bien, la aparici\u00f3n de algunos de estos fragmentos cer\u00e1micos fuera de la vivienda nos indica que, posiblemente, con posterioridad al incendio, que motiv\u00f3 su abandono, y cuyas causas desconocemos, se produjo un regreso de los ocupantes o de otras personas, en un momento indeterminado, con objeto de rescatar los artefactos que estuviesen enteros, fuesen valiosos o pudiesen reutilizarse. Este proceso ha impedido que hayamos podido efectuar un an\u00e1lisis espacial de las evidencias arqueol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">De la vivienda 2 podemos destacar que, aunque el suelo de las tres estancias excavadas se caracterizaba por la presencia de tierra batida directamente sobre la roca, la disposici\u00f3n de algunas losas planas de caliza nos lleva a plantear la posibilidad de que, al menos en parte, \u00e9stas se utilizasen para nivelar ese suelo, ya que la proximidad de la roca deber\u00eda marcar cuando menos desniveles y filtraciones de humedad, en este nivel de ocupaci\u00f3n; de forma similar a la conocida en otros asentamientos de la misma \u00e9poca (Fern\u00e1ndez-Posse y S\u00e1nchez-Palencia, 1988: 13 y 62; Cerde\u00f1o y Garc\u00eda Huerta, 1992: 33-34). Destaca la localizaci\u00f3n sobre ese suelo de diverso material atribuible a la Segunda Edad del Hierro, como una meta completa de molino circular y varios fragmentos cer\u00e1micos. Dadas las reducidas dimensiones y caracter\u00edsticas de las estructuras de esta vivienda, as\u00ed como el material aparecido, todo parece indicar que nos encontramos ante una zona de trabajo. Su abandono pudo ser contempor\u00e1neo al de la vivienda 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La vivienda 3, excavada completamente, comprende 6 estructuras adosadas a la muralla norte, que no tienen comunicaci\u00f3n entre s\u00ed, siendo la circulaci\u00f3n exterior, ya que todas tuvieron puerta orientada al Sur. La superficie \u00fatil de la vivienda es de unos 60 m2. Una de las estancias era la habitaci\u00f3n de vivienda, propiamente dicha, ya que en ella se localiz\u00f3 en su centro un posible hogar, alrededor del cual se concentraron la mayor cantidad de hallazgos: fragmentos de cer\u00e1micas hechas a mano, de cer\u00e1micas a torno, elementos met\u00e1licos, huesos, etc. El resto de las dependencias debieron ser almacenes o lugares de trabajo, presentando similitudes con lo descrito para las viviendas 1 y 2. En las proximidades de la vivienda 3 se excav\u00f3 un vertedero, situado en una depresi\u00f3n cuyo origen pudo ser natural o antr\u00f3pico; en este caso, habr\u00eda que pensar que fue el lugar de donde se extrajo la piedra para las construcciones pr\u00f3ximas, emple\u00e1ndose despu\u00e9s la oquedad como basurero. En su base se abren numerosas fisuras, propias del estrato rocoso, que en uno de sus extremos da lugar a una peque\u00f1a sima, cuya base presenta las mismas caracter\u00edsticas descritas con anterioridad (Cisneros, 2008).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>2. Los materiales arqueol\u00f3gicos: aspectos cronol\u00f3gicos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">El yacimiento no se caracteriza por una abundancia de materiales, seg\u00fan se deduce de los resultados de las excavaciones efectuadas hasta la fecha, pero tanto sus cronolog\u00edas como las dataciones absolutas nos se\u00f1alan una ocupaci\u00f3n durante la Segunda Edad del Hierro (Cisneros y L\u00f3pez Noriega, 2004: 17-19; 2005: 89-97).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Los materiales cer\u00e1micos m\u00e1s significativos se\u00f1alan la presencia de dos momentos temporales concretos y continuos: el primero concierne a materiales que se fechan a partir de la transici\u00f3n del Hierro I al II, es decir, de finales del IV y principios del III a. e., destacando, adem\u00e1s de las jarras ya mencionadas, las ollas de peque\u00f1o tama\u00f1o con los bordes vueltos, con paralelos en La Corona de Corporales y en El Raso (S\u00e1nchez-Palencia y Fern\u00e1ndez-Posse, 1985: 100-101; Fern\u00e1ndez G\u00f3mez, 1997: 103-108). El segundo se corresponde con piezas de caracter\u00edsticas celtib\u00e9ricas plenas, cuya cronolog\u00eda oscilar\u00eda entre el 300 a. e. y mediados del siglo I a. e., llegando tal vez hasta momentos cronol\u00f3gicos de las guerras c\u00e1ntabras. Son copas, cuencos y las tinajas ya descritas, con paralelos entre otras zonas en la navarro-riojana y en la vaccea (\u00c1lvarez Santos, 2005).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Los materiales met\u00e1licos identificables nos sit\u00faan igualmente en ese contexto cronol\u00f3gico. El n\u00famero de piezas de bronce es exiguo, pero en su mayor parte son elementos de adorno, de entre ellos puede destacarse un adorno compuesto por tres c\u00edrculos conc\u00e9ntricos con motivos de ruedecilla, que se encuentra frecuentemente entre los motivos decorativos celtib\u00e9ricos, localizado en la vivienda 1, o una aguja de bronce, hallada en el vertedero de la muralla norte. El n\u00famero de elementos de hierro tampoco es numeroso, aunque es mayor que el de los bronces. Son fundamentalmente clavos, cuchillos, tijeras, localizados en las viviendas, o un regat\u00f3n de hierro, en el \u00e1mbito de ocupaci\u00f3n interior junto a la muralla norte (Erice, 2005).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Entre los materiales l\u00edticos merece citarse un colgante en pizarra, hallado en la vivienda 2, y varios fragmentos de molinos circulares hallados en las excavaciones de las viviendas y en la prospecci\u00f3n del yacimiento. No s\u00f3lo se conocen molinos de este tipo, sino que tambi\u00e9n tenemos noticias de la aparici\u00f3n de molinos barquiformes hallados durante las labores de reforestaci\u00f3n efectuadas entre 1958 y 1961. Futuras excavaciones deber\u00e1n indicar si estamos o no ante una convivencia de ambos tipos, ya que, de momento, a estos \u00faltimos no podemos asignarles contexto alguno (Cisneros y Gallego, 2005: 140-141).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">En el estado actual de nuestra investigaci\u00f3n, todo indica que las zonas excavadas y los escasos materiales hallados son el reflejo directo del conjunto de alteraciones tafon\u00f3micas que ha sufrido el dep\u00f3sito. Hasta la fecha, se han excavado algo m\u00e1s de 1.000 m2, encontr\u00e1ndose restos de incendio s\u00f3lo en unos 30 m2, en concreto en una estructura de la vivienda 1, casualmente en la zona del hogar, y en una parte de la estructura 55; no habiendo se\u00f1al de fuego ni en las otras dos viviendas, ni en las zonas de muralla excavadas. Es decir, no se ha hallado nivel de destrucci\u00f3n alguno y los restos de incendio son muy localizados y no est\u00e1n generalizados. De ah\u00ed que podamos plantear como hip\u00f3tesis que el oppidum fue abandonado de forma intencionada, lo que no quiere decir voluntaria, y que los incendios pudieron ser provocados por causas muy diversas, puesto que siniestros de este tipo debieron ser muy comunes en la \u00e9poca, debido, entre otros motivos, a los materiales usados en la construcci\u00f3n, pero ello no fue posiblemente la causa que hizo que sus habitantes se marchasen. \u00c9sta, sin duda, tiene relaci\u00f3n con la presencia romana en la zona, que no hay que entender exclusivamente desde la perspectiva militar de las guerras c\u00e1ntabras, puesto que se remonta a m\u00e1s de un siglo antes y los contactos en esta zona fronteriza entre c\u00e1ntabros y turmogos debieron ser frecuentes en tiempos de paz, que tambi\u00e9n los debi\u00f3 haber. En los momentos de conflicto, los habitantes del oppidum ten\u00edan que ser conscientes de que su extensi\u00f3n (285 ha) era garant\u00eda de seguridad ante iguales, pero de poco serv\u00eda frente a un ej\u00e9rcito como el romano, al que sin duda ve\u00edan maniobrar por la paramera burgalesa, ya que su defensa implicaba un contingente de poblaci\u00f3n ind\u00edgena que dif\u00edcilmente hubo disponible. Parece m\u00e1s l\u00f3gico que en caso de querer hacer frente a un ej\u00e9rcito como el romano se buscase un ambiente m\u00e1s propicio, como el que suministran las zonas de monta\u00f1a de la Cordillera Cant\u00e1brica, donde un ej\u00e9rcito tradicional se mueve con m\u00e1s dificultad y la poblaci\u00f3n se puede proteger en lugares m\u00e1s abruptos. Por lo que pensamos que los pobladores, bien lo abandonaron antes de que se produjese el avance militar romano y se refugiaron en zonas m\u00e1s inaccesibles y mejor defendibles, bien llegaron a alg\u00fan tipo de acuerdo con el invasor, que implic\u00f3 el abandono de su lugar de h\u00e1bitat, ya que, hasta el momento, en las excavaciones en marcha no se ha documentado ocupaci\u00f3n adscribible a estos acontecimientos b\u00e9licos (Aja, Cisneros y Ram\u00edrez, 2005: 68-70; Cisneros, 2008).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>3. La explotaci\u00f3n ganadera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">&nbsp;El material faun\u00edstico aqu\u00ed analizado, que incluye \u00fanicamente los restos de macromam\u00edferos, procede de cuatro de las zonas excavadas: la muralla transversal, la muralla norte, la estructura 55 y la vivienda 3. Adem\u00e1s, se cuenta ya con la informaci\u00f3n arqueozool\u00f3gica de las viviendas 1 y 2 (Blasco, 2005).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>3.1. Metodolog\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La metodolog\u00eda aplicada en este an\u00e1lisis sigue la sistem\u00e1tica utilizada y descrita en estudios anteriores (Mar\u00edn, 2004), por lo que no nos extenderemos en ella. No obstante, s\u00ed que es conveniente resaltar que todos los huesos han tratado de identificarse al m\u00e1ximo, tanto a nivel anat\u00f3mico como tax\u00f3nomico, para ello se han utilizado varios atlas (Pales y Lambert, 1971; Schmid, 1972; Barone, 1976) as\u00ed como diversas colecciones osteol\u00f3gicas de referencia. Cuando ha sido posible, dada la elevada fracturaci\u00f3n de la muestra, se ha diferenciado oveja de cabra dom\u00e9stica, seg\u00fan el trabajo de Boessneck (1980). La estimaci\u00f3n de la edad de los taxones se ha efectuado a partir de la fusi\u00f3n de las ep\u00edfisis \u00f3seas y la erupci\u00f3n y el desgaste dental (Hillson, 1990; Silver, 1980). Para este \u00faltimo, en el caso de los caprinos se han empleado los trabajos de Payne (1987) y de Grant (1982) y para los suidos, el de Bull (1982). La identificaci\u00f3n sexual ha sido posible s\u00f3lo gracias a la presencia de elementos anat\u00f3micos caracter\u00edsticos en algunos taxones (caninos).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Debido a la escasez de la muestra, las \u00fanicas medidas de cuantificaci\u00f3n estimadas han sido las siguientes: N\u00famero de Restos (NR), N\u00famero M\u00ednimo de Individuos representados (NMI) y peso de la muestra. El c\u00e1lculo del NMI se ha estimado tomando como base la parte esquel\u00e9tica m\u00e1s representada de cada tax\u00f3n y teniendo en cuenta su lateralidad, sexo y talla respecto a los otros individuos de la misma especie aparecidos en igual unidad estratigr\u00e1fica. Este par\u00e1metro se ha computado de forma individualizada por estratos y taxones identificados. Los restos de di\u00e1fisis de huesos largos, costillas (cabeza articular) y fragmentos craneales tambi\u00e9n se han tenido en consideraci\u00f3n a la hora de realizar este c\u00e1lculo con el fin de obtener la mayor informaci\u00f3n posible. Para los ovicaprinos no se ha calculado el NMI dado el posible error de sobrerrepresentaci\u00f3n de oveja frente a cabra o viceversa. El peso de todo el material se ha realizado con una b\u00e1scula electr\u00f3nica (error \u00b1 0,5 g).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Por su parte, la t\u00e9cnica de los remontajes y rearticulaciones se efectu\u00f3 con la finalidad de observar posibles movimientos post-dep\u00f3sito, as\u00ed como la distribuci\u00f3n microespacial de los restos dentro del yacimiento, en los casos que fue posible, y el proceso de fracturaci\u00f3n antr\u00f3pica de los mismos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">El estudio osteom\u00e9trico no ha permitido la diferenciaci\u00f3n sexual, debido al elevado grado de fracturaci\u00f3n de la muestra, si bien, s\u00ed ha sido posible obtener las medidas de algunos restos, lo que ha permitido poder compararlos con otros yacimientos contempor\u00e1neos. Las abreviaturas utilizadas en la osteometr\u00eda han sido las siguientes:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">AM: Anchura m\u00e1xima<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Ad: Anchura distal<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Ap: Anchura proximal<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">AmD: Anchura m\u00ednima de la di\u00e1fisis<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">El: Espesor lateral<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">LM: Longitud m\u00e1xima<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">LMl: Longitud m\u00e1xima lateral<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Asimismo, se prest\u00f3 especial importancia a las patolog\u00edas encontradas en los huesos de los taxones, ya que pueden inferir informaci\u00f3n sobre la salud y funcionalidad de los animales dentro de la sociedad ganadera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Por \u00faltimo, cada uno de los restos \u00f3seos de m\u00e1s de 2 cm fue observado bajo lupa binocular en busca de alteraciones tafon\u00f3micas visibles. Por un lado, los resultados del an\u00e1lisis tafon\u00f3mico muestran las huellas de origen antr\u00f3pico (incisiones, seccionados, muescas, quemados) relacionadas con el procesado y consumo de los animales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La metodolog\u00eda de las huellas del proceso de carnicer\u00eda se ha basado en el trabajo de Binford (1981) y P\u00e9rez Ripoll (1992). Por otro lado, el estudio tafon\u00f3mico ha permitido observar otro tipo de alteraciones tafon\u00f3micas no antr\u00f3picas como actividad de carn\u00edvoros o meteorizaci\u00f3n (Lyman, 1994).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>3.2. Resultados arqueozool\u00f3gicos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La muestra \u00f3sea est\u00e1 compuesta por un total de 467 restos con un peso final de 1.540,3 gramos&nbsp; (Tabla 1).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"685\" height=\"357\" src=\"https:\/\/www.lawebdevaldehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/5.8.2.7-Tabla1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7914\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Aparecen representados un m\u00ednimo de 14 individuos distintos. Un 64% de la muestra lo forman huesos determinados. Sin embargo, s\u00f3lo un 13,8% del conjunto ha sido identificado taxon\u00f3micamente, aunque al incluir los restos de ovicaprinos esta cifra se eleva a 42,4%. Por otra parte, un 35,8% del conjunto \u00f3seo pertenece a restos identificados anat\u00f3micamente (Tabla 2).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"693\" height=\"480\" src=\"https:\/\/www.lawebdevaldehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/5.8.2.8-Tabla2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7915\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Las especies identificadas han sido: Bos taurus, Equus caballus, Capra hircus, Ovis aries, Sus domesticus y Sus scrofa. El 95,2% de la muestra ha correspondido a animales dom\u00e9sticos identificados taxon\u00f3micamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">A partir del an\u00e1lisis de los restos faun\u00edsticos encontrados, podemos afirmar la importancia que en la econom\u00eda desarrollada tuvo la explotaci\u00f3n ganadera. Atendiendo al n\u00famero de restos (NR), de los taxones identificados son los ovicaprinos (78%) los m\u00e1s numerosos, seguidos en importancia por los restos de vacuno (18%) y los de porcino (4%). En cambio, si tenemos en cuenta el valor de la tanatomasa, el ganado vacuno es el que mayor importancia tiene con el 50,4%, seguido de los ovicaprinos con el 29%, el caballo con el 17,9% y los suidos con el 2,73%. Si bien estas cantidades podr\u00edan aumentar a favor de los bovinos y equinos al contabilizar los restos identificados de talla mam\u00edfero grande, ya que la tanatomasa de \u00e9stos representa el 21,9% del total de la muestra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">En la Tabla 2 se muestran los restos identificados anat\u00f3micamente en el conjunto de la muestra. Se han agrupado los elementos recuperados en distintas zonas del yacimiento, dado que todos ellos corresponden al mismo periodo cultural. No obstante, en una futura publicaci\u00f3n se detallar\u00e1n de forma pormenorizada los restos recuperados en cada una de las \u00e1reas excavadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Igualmente, a partir del N\u00famero M\u00ednimo de Individuos (NMI), el vacuno es el ganado m\u00e1s representativo, seguido de los ovicaprinos e igualado con el ganado porcino. A pesar de la escasa muestra, destaca la cabra sobre la oveja con un individuo m\u00e1s, si bien la dificultad de estimar el NMI de los restos de ovicaprinos impide una mayor precisi\u00f3n con este tipo de ganado. De los suidos, destaca la diferente representaci\u00f3n de edad de los taxones (desde infantiles a adultos), lo cual indica una explotaci\u00f3n, probablemente, de los productos primarios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, el ganado vacuno fue la principal fuente de alimento, seguido de los ovicaprinos. Este tipo de consumo queda constatado en otros yacimientos prerromanos como La Campa Torres (Albizuri, 2001; Liesau y Garc\u00eda, 2005: 263) o el Castro de Llag\u00fa (Liesau y Garcia, 2002). La importancia secundaria del ganado porcino, despu\u00e9s del vacuno y ovicaprino, es frecuente para el periodo de estudio tanto en la zona norte (Fern\u00e1ndez Rodr\u00edguez, 2003), como en la Cuenca del Duero (Morales y Liesau, 1995).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Respecto a la utilidad econ\u00f3mica del ganado vacuno, los escasos individuos juveniles de bovinos podr\u00edan haber sido utilizados para la obtenci\u00f3n de productos l\u00e1cteos, mientras que los individuos adultos, dadas las patolog\u00edas \u00f3seas identificadas en algunos de ellos (exostosis), podr\u00edan haber sido utilizados en tareas agr\u00edcolas y de transporte. No obstante, la limitaci\u00f3n de la muestra impide establecer patrones m\u00e1s precisos de la edad de sacrificio de las reses.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La presencia de ganado equino en los yacimientos de la Edad del Hierro no es muy frecuente (Altuna, 1980: 51; Fern\u00e1ndez Rodr\u00edguez, 2003). Sin embargo, en La Ula\u00f1a los restos recuperados muestran, al igual que los restos de bovinos y los de ovicaprinos, huellas de manipulaci\u00f3n antr\u00f3pica resultado de su preparaci\u00f3n para su consumo. Se trata de un individuo juvenil. Con este \u00fanico resto s\u00f3lo podemos confirmar su inclusi\u00f3n en la dieta, pero no podemos conocer aspectos como la importancia de \u00e9ste dentro de la caba\u00f1a ganadera ni si ten\u00eda otra utilidad diferente a la alimenticia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La actividad de la caza, a la vista de los escasos restos recuperados de jabal\u00ed, resulta marginal. Presuponemos que se realizaban actividades cineg\u00e9ticas, si bien su importancia en la dieta ha resultado limitada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Por \u00faltimo, tanto el patr\u00f3n de representaci\u00f3n anat\u00f3mica de los taxones m\u00e1s frecuentes (Tabla 2), como las marcas de carnicer\u00eda identificadas (Tabla 3) han revelado un procesado intensivo de los animales que conformaron la caba\u00f1a ganadera de estos grupos humanos.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"688\" height=\"299\" src=\"https:\/\/www.lawebdevaldehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/5.2.8.9-Tabla3-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7917\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>3.3. La tafonom\u00eda del dep\u00f3sito<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">El grado de alteraciones post-dep\u00f3sito ha sido muy elevado. El 75,2% de la muestra aparece fragmentada, de la cual \u00fanicamente un 11,7% ha correspondido a actividades relacionadas con el procesado antr\u00f3pico de los animales. La media de fragmentaci\u00f3n de los huesos ha sido de entre 2 y 4 cm de longitud.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Por lo que se refiere a las labores de carnicer\u00eda y consumo animal, estas acciones han quedado patentes en un 10,1% del total de la muestra \u00f3sea (Tabla 3). Entre las huellas de procesado antr\u00f3pico las fracturaciones de los huesos en estado fresco (47%) han sido las m\u00e1s abundantes, seguidas de las incisiones relacionadas, fundamentalmente, con las tareas de desarticulaci\u00f3n y descarnado (18%), los seccionados (2%), las muescas (3%) y, por \u00faltimo, las termoalteraciones (30%). Estas \u00faltimas, dada la coloraci\u00f3n que presenta el conjunto de los restos, pensamos que pueden ser debidas m\u00e1s a quemas accidentales que a actividades de consumo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Sin tener en cuenta los huesos quemados, los restos de vacuno han sido los que presentan mayor cantidad de huellas de carnicer\u00eda, donde destacan los huesos con fractura en fresco y las incisiones de despellejado, desarticulado y descarnado (v\u00e9ase Fig. 1).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"504\" height=\"319\" src=\"https:\/\/www.lawebdevaldehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/5.8.2.3-Huellas_bovino.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7918\" style=\"width:713px;height:451px\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Este tipo de huellas indican el procesado intensivo que realizaron los grupos humanos con los bovinos para su preparaci\u00f3n y consumo. Entre los restos de ovicaprinos, un 35,2% presentan fracturas en fresco, un 9,3% incisiones y un 1,9% muescas (v\u00e9ase Fig. 2).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"456\" height=\"381\" src=\"https:\/\/www.lawebdevaldehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/5.8.2.4-Huellas_ovicaprino.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7919\" style=\"width:662px;height:553px\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Estas dos \u00faltimas modificaciones reflejan el modo de descuartizado y descarnado de estos animales. Igualmente, se ha podido comprobar por las trazas de descarnado en la mand\u00edbula de caballo el consumo de este animal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Para las labores de carnicer\u00eda y procesado intensivo de los animales han sido utilizados instrumentos met\u00e1licos, algunos de ellos recuperados en el yacimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Este tipo de procesado intensivo de los taxones se observa en otros yacimientos contempor\u00e1neos, como Campa Torres (Albizuri, 2001; Liesau y Garc\u00eda, 2005), Llag\u00fa (Liesau y Garc\u00eda, 2002), Castiello de Cellag\u00fa (Ad\u00e1n, 2003) o Muru-Astrain (Casta\u00f1os, 1988).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La Ula\u00f1a es una zona con muy poco espesor estratigr\u00e1fico, como ya hemos comentado con anterioridad. Este hecho ha quedado copiosamente reflejado en los huesos recuperados, ya que las ra\u00edces de las plantas marcan casi la mitad de la muestra (49%). A su vez, la localizaci\u00f3n geogr\u00e1fica del yacimiento tambi\u00e9n ha influido en la conservaci\u00f3n de los huesos. Se observa perfectamente como los restos \u00f3seos abandonados en superficie han sufrido fuertes contrastes de temperatura y humedad haciendo visibles signos de deshidrataci\u00f3n, descamaci\u00f3n y agrietamiento. Las huellas de meteorizaci\u00f3n se han observado en un 43,3% de la muestra recogida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Otras alteraciones bioestratin\u00f3micas destacadas han sido las producidas por carn\u00edvoros, observadas en un 6,8 % de la muestra. Suponemos que estos carn\u00edvoros deben corresponder a perros (a pesar de que no hayamos recuperado restos de este tax\u00f3n) documentados en las comunidades prerromanas como en Llag\u00fa (Liesau y Garc\u00eda, 2002), Campa Torres (Albizuri, 2001) o Cogollina (Fern\u00e1ndez Rodr\u00edguez, 2007). Las marcas de mordeduras han quedado patentes \u00fanicamente en las zonas articulares de los huesos largos recuperados en el vertedero excavado al exterior de la muralla norte. Los taxones que presentan mayor n\u00famero de mordeduras han sido, en primer lugar, el ganado vacuno (55,6%), seguido de los ovicaprinos (33,3%) y, por \u00faltimo, los restos de mam\u00edfero grande (11,1%).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>4. Las actividades econ\u00f3micas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Las informaciones econ\u00f3micas sobre los c\u00e1ntabros y, por extensi\u00f3n, sobre esta zona, siguen siendo deudoras de las fuentes cl\u00e1sicas y de un esp\u00edritu etnoarqueol\u00f3gico, como principales elementos de reconstrucci\u00f3n paleoambiental, con una visi\u00f3n ecologista no concordante con los datos suministrados por los an\u00e1lisis pol\u00ednicos en este sector geogr\u00e1fico, para momentos cronol\u00f3gicos anteriores (\u00e9poca megal\u00edtica y Edad del Bronce) (una visi\u00f3n cr\u00edtica sobre el tema: Garc\u00eda S\u00e1nchez, 2008), y en otras zonas pr\u00f3ximas, como algunas turberas localizadas en zonas altas de Cantabria o de regiones lim\u00edtrofes (Carracedo y Garc\u00eda Codron, 2008), cuyos resultados debemos manejar con la debida cautela a la hora de extrapolarlos. Tanto que, de momento, no podemos asegurar qu\u00e9 es lo que se mol\u00eda en los molinos circulares hallados en el yacimiento, cuya materia prima posiblemente proceda de las terrazas del r\u00edo Pisuerga, a pesar de su consideraci\u00f3n como un testimonio de la renovaci\u00f3n t\u00e9cnica y de la mejora econ\u00f3mica de la \u00e9poca celtib\u00e9rica (Sacrist\u00e1n de Lama, 1986: 93), mientras no poseamos an\u00e1lisis pol\u00ednicos o de fitolitos procedentes del oppidum (1).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">(1) Se ha realizado un estudio de las maderas usuales en el yacimiento a cargo de C. Mensua y R. Piqu\u00e9, del Servei d\u2019An\u00e0lisis Arqueol\u00f2giques de la Universitat Aut\u00f2noma de Barcelona, que ha permitido conocer el empleo de pino albar, roble y tejo. Adem\u00e1s se han efectuado una serie de sondeos y extracci\u00f3n de registros sedimentol\u00f3gicos en el entorno del yacimiento, con una finalidad paleoambiental, a cargo de S. Riera, del Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueolog\u00eda de la Universidad de Barcelona, que se encuentran en la actualidad en fase de an\u00e1lisis en el Laboratorio de Arqueolog\u00eda de dicho Departamento. Asimismo, se est\u00e1 procediendo a la identificaci\u00f3n de improntas vegetales en algunos de los revestimientos hallados en la estructura 55, a cargo de M. Mar\u00edn, del Grupo de Estudios para la Prehistoria del Noroeste ib\u00e9rico, del Departamento de Historia I de la Universidad de Santiago de Compostela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Asimismo, nos queda por constatar la existencia de hornos o talleres cer\u00e1micos en el asentamiento, que esperamos poder resolver a trav\u00e9s de los an\u00e1lisis sistem\u00e1ticos de los diferentes tipos de pastas (2).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">(2) Los an\u00e1lisis de difracci\u00f3n de rayos X se est\u00e1n realizando en el Laboratorio de la Divisi\u00f3n de Ciencia e Ingenier\u00eda de los Materiales de la Escuela T\u00e9cnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Cantabria, donde ya hemos realizado los an\u00e1lisis qu\u00edmicos, mediante microscop\u00eda electr\u00f3nica de barrido \u2013SEM\u2013 con microsonda de energ\u00eda dispersiva de rayos X \u2013EDAX\u2013, de escorias de hierro y elementos de bronce, hierro y plata, y los an\u00e1lisis mineral\u00f3gicos, por difracci\u00f3n de rayos X \u2013XRD\u2013, de escorias de hierro y metalogr\u00e1ficos de elementos de hierro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">En el yacimiento se han localizado dos tipos, ya citados; el primero se caracteriza por una arcilla refractaria con chamota de granulometr\u00eda variada y grosera, con un punto de cocci\u00f3n inferior al id\u00f3neo, y casi siempre con cocci\u00f3n reductora, poco apta para el torneado, que podr\u00eda situarnos ante una producci\u00f3n aut\u00f3ctona y el segundo que se corresponde con arcillas ferruginosas, con m\u00e1s o menos desgrasantes de tipo sil\u00edceo o calc\u00e1reo y torneadas, con cocci\u00f3n oxidante, sin que tengamos resuelto el problema del origen de estas producciones, en el sentido de identificar importaciones o piezas aut\u00f3ctonas (\u00c1lvarez Santos, 2005: 114).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Ahora bien, en el caso de los instrumentos de hierro hallados no nos ofrece duda alguna su relaci\u00f3n con las escorias pertenecientes a hornos de fundici\u00f3n encontradas en la excavaci\u00f3n y en la prospecci\u00f3n, como se\u00f1alan los an\u00e1lisis met\u00e1licos realizados (Seti\u00e9n, 2005: 115-130). El mineral de hierro se encuentra f\u00e1cilmente y en abundancia en el Norte de la Pen\u00ednsula, por lo que los artesanos de La Ula\u00f1a se pod\u00edan proveer de \u00e9l f\u00e1cilmente y elaborar, por forja en hornos peque\u00f1os los distintos objetos (Rovira y G\u00f3mez Ramos, 2001: 382-383). Estas escorias, por consiguiente, ser\u00edan indicadoras de la existencia de una metalurgia que se realizar\u00eda en el propio asentamiento, al igual que acontece en otros de la misma \u00e9poca (Carrocera y Camino, 1996: 58-59). Sin embargo, para el caso de las aleaciones del cobre, s\u00f3lo podemos decir que los talleres artesanos, que trabajaron los materiales hallados en La Ula\u00f1a, debieron estar ubicados en las cercan\u00edas de los centros de producci\u00f3n, ya que la existencia de broncistas en el asentamiento, planteada por Peralta (2000: 64), a partir del estudio de material arqueol\u00f3gico procedente de excavaciones clandestinas, y por tanto descontextualizado, s\u00f3lo puede considerarse, en la actualidad, como una conjetura, ya que no se han localizado ni en excavaci\u00f3n ni en prospecci\u00f3n restos de dicha fabricaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Los artefactos de hierro est\u00e1n relacionados con el trabajo de la madera \u2013clavos\u2013, labores de cocina y artesan\u00eda textil \u2013tijeras y cuchillos\u2013, vinculada esta \u00faltima a la caba\u00f1a ganadera, que se fundament\u00f3 en el aprovechamiento intensivo de animales dom\u00e9sticos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La muestra faun\u00edstica estudiada refleja una sociedad econ\u00f3micamente productora donde la importancia concedida a las actividades cineg\u00e9ticas ha resultado m\u00ednima. La dieta de estos grupos humanos se centraba, principalmente, en el consumo del ganado vacuno, seguido del consumo de ovicaprinos, y en menor medida del ganado equino y porcino. De esta forma, a partir de las trazas de carnicer\u00eda se ha podido reconstruir el modo de procesado y despiece de los bovinos y ovicaprinos, fundamentalmente de la zona de la muralla norte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">La elevada fracturaci\u00f3n en fresco de esos restos indica, posiblemente, el troceado de los mismos para su cocci\u00f3n en recipientes cer\u00e1micos de tama\u00f1o m\u00e1s reducido que los huesos fracturados. Las incisiones realizadas durante el proceso de carnicer\u00eda, con instrumentos met\u00e1licos, nos informan del patr\u00f3n de despellejado, desarticulaci\u00f3n y descarnado de los taxones identificados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Entre las alteraciones bioestratin\u00f3micas realizadas por agentes biol\u00f3gicos no humanos, se han observado mordeduras de carn\u00edvoros. Estas huellas han sido apreciables exclusivamente en los restos de bovino, cabra y ovicaprinos recuperados en el vertedero excavado al exterior de la muralla norte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\">Las alteraciones diagen\u00e9ticas han afectado de manera destacada a la conservaci\u00f3n del dep\u00f3sito, puesto que en todas las \u00e1reas de excavaci\u00f3n se aprecian las huellas que las ra\u00edces de las plantas han dejado en la superficie externa de los huesos, aunque en muchos casos tambi\u00e9n interna. Al mismo tiempo, la deshidrataci\u00f3n y la meteorizaci\u00f3n patentes en muchos de los huesos han sido el tipo de alteraciones tafon\u00f3micas m\u00e1s frecuentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>5. Medidas osteom\u00e9tricas (en mm)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"361\" height=\"194\" src=\"https:\/\/www.lawebdevaldehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/5.8.2.6-Medidas_osteometricas.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7920\" style=\"width:540px;height:290px\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"421\" height=\"385\" src=\"https:\/\/www.lawebdevaldehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/5.8.2.5-Medidas_osteometricas-2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7921\" style=\"width:539px;height:493px\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">AD\u00c1N, G. (2003): \u201cLas transformaciones del material \u00f3seo en el Castiello de Cellag\u00fa (Latores, Oviedo). La arqueofauna y el utillaje \u00f3seo desde el siglo V a. C. al II. d. C. en Asturias (Espa\u00f1a)\u201d, Zephyrus, 56, pp. 85-115.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">AJA, J. R.; CISNEROS, M. y RAM\u00cdREZ, J. L. (2005): \u201cEn la frontera meridional de los c\u00e1ntabros. Algunas reflexiones hist\u00f3rico-territoriales sobre el tr\u00e1nsito del mundo ind\u00edgena al romanizado\u201d, Agri Centuriati, 2, pp. 57-71.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">ALBIZURI, S. (2001): \u201cEstudio arqueozool\u00f3gico de los mam\u00edferos salvajes y dom\u00e9sticos de la Campa Torres (Gij\u00f3n): Estrato de los siglos II y I a.C.\u201d. En MAYA, J. L. y CUESTA, F. (eds.): El Castro de la Campa Torres. Gij\u00f3n: Ayuntamiento de Gij\u00f3n, pp. 317-347.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">ALTUNA, J. (1980): \u201cHistoria de la domesticaci\u00f3n animal en el Pa\u00eds Vasco desde los or\u00edgenes a la romanizaci\u00f3n\u201d, Munibe, 36, pp. 1-164.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">\u00c1LVAREZ SANTOS, J. A. (2005): \u201cLa cer\u00e1mica\u201d. En CISNEROS, M. y L\u00d3PEZ NORIEGA, P. (eds.): El castro de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos). La documentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica (1999-2001). Santander: Universidad de Cantabria, pp. 105-114.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">BARONE, R. (1976): Anatomie compar\u00e9e des mammif\u00e8res domestiques. Paris: Vigot Fr\u00e8res.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">BINFORD, L. R. (1981): Bones: Ancient Men and Modern Myths.&nbsp;New York: Academic Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">BLASCO, F. (2005): \u201cLos restos arqueofaun\u00edsticos\u201d. En CISNEROS, M. y L\u00d3PEZ NORIEGA, P. (eds.): El castro de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos). La documentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica (1999-2001). Santander: Universidad de Cantabria, pp. 135-138.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">BOESSNECK, J. (1980): \u201cDiferencias osteol\u00f3gicas entre las ovejas (Ovis aries Linn\u00e9) y cabras (Capra hircus Linn\u00e9)\u201d. En BROTHWELL, D. y HIGGS, E. (eds.): Ciencia en Arqueolog\u00eda.&nbsp;Madrid: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, pp. 338-366.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">BULL, G. y PAYNE, S. (1982): \u201cTooth eruption and epiphysial fusion in pigs and wild boar\u201d. En WILSON, B.; GRIGSON, C. y PAYNE, S. (eds.): Ageing and Sexing Animal Bones from Archaeological Sites.&nbsp;British Archaeological Series, 109. Oxford, pp. 55-71.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">CARRACEDO, V. y GARC\u00cdA CODRON, J. C. (2008): \u201cEl territorio y el medio natural: \u00bfD\u00f3nde viv\u00edan los c\u00e1ntabros?\u201d. En AJA, J. R.; CISNEROS, M. y RAM\u00cdREZ, J. L. (eds.): Los c\u00e1ntabros en la Antig\u00fcedad. La historia frente al mito. Santander: Universidad de Cantabria, pp. 19-31.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">CARROCERA, E. y CAMINO, J. (1996): \u201cLa Edad del Hierro en el territorio hist\u00f3rico de los astures o la realidad de un espacio administrativo romano\u201d. En FERN\u00c1NDEZ OCHOA, C. (coord.): Los finisterres atl\u00e1nticos en la antig\u00fcedad. \u00c9poca prerromana y romana. Gij\u00f3n: Sociedad Editorial Electa Espa\u00f1a, pp. 57-60.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">CASTA\u00d1OS, P. (1988): \u201cEstudio de los restos \u00f3seos de \u2018Muru-Astrain\u2019\u201d, Trabajos de Arqueolog\u00eda de Navarra, 7, pp. 221-235.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">CERDE\u00d1O, M. L. y GARC\u00cdA HUERTA, R. (1992): El Castro de La Coronilla. Chera, Guadalajara (1980-1986). Excavaciones Arqueol\u00f3gicas en Espa\u00f1a, 163. Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">CISNEROS, M. (2004): \u201cEl oppidum de La Ula\u00f1a en la frontera meridional de los c\u00e1ntabros\u201d, Palaeohispanica, 4, pp. 89-109.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">\u2014 (2006): Las arquitecturas de la Segunda Edad del Hierro en el territorio de la antigua Cantabria. Santander: Universidad de Cantabria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">\u2014 (2008): \u201cLa Ula\u00f1a: Ein Oppidum des zweiten Eisenzeitalters im Norden der Iberischen Halbinsel\u201d, Madrider Mitteilungen, 49, en prensa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">CISNEROS, M. y GALLEGO, N. (2005): \u201cLos materiales l\u00edticos\u201d. En CISNEROS, M. y L\u00d3PEZ NORIEGA, P. (eds.): El castro de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos). La documentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica (1999-2001). Santander: Universidad de Cantabria, pp. 139-141.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">CISNEROS, M. y L\u00d3PEZ NORIEGA, P. (2004): \u201cEl sistema defensivo del castro de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos)\u201d, Archivo Espa\u00f1ol de Arqueolog\u00eda, 77, pp. 3-22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">\u2014 (2005): \u201cLas unidades de ocupaci\u00f3n\u201d. En CISNEROS, M. y L\u00d3PEZ NORIEGA, P. (eds.): El castro de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos). La documentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica (1999-2001). Santander: Universidad de Cantabria, pp. 89-104.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">CUADRADO, A. y SAN MIGUEL, L. C. (1993): \u201cEl urbanismo y la estratigraf\u00eda del yacimiento vacceo de Melgar de Abajo (Valladolid)\u201d. En ROMERO, F.; SANZ, C. y ESCUDERO, Z. (eds.): Arqueolog\u00eda Vaccea. Estudios sobre el mundo prerromano en la cuenca media del Duero. Valladolid, pp. 303-334.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">DOM\u00cdNGUEZ, A. (1998): \u201cLas acu\u00f1aciones ib\u00e9ricas y celtib\u00e9ricas de la Hispania Citerior\u201d. En Historia monetaria de Hispania Antigua. Madrid, pp. 116-193.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">ERICE, R. (2005): \u201cLos metales: la arqueolog\u00eda\u201d. En CISNEROS, M. y L\u00d3PEZ NORIEGA, P. (eds.): El castro de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos). La documentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica (1999-2001). Santander: Universidad de Cantabria, pp. 131-134.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">FERN\u00c1NDEZ G\u00d3MEZ, F. (1997): La Necr\u00f3polis de la Edad del Hierro de \u201cEl Raso\u201d Candeleda, \u00c1vila. \u201cLas Guijas, B\u201d. Arqueolog\u00eda de Castilla y Le\u00f3n, 4. Valladolid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">FERN\u00c1NDEZ-POSSE, M. D. y S\u00c1NCHEZ-PALENCIA, F. J. (1988): La Corona y el Castro de los Corporales II. Campa\u00f1a de 1983 y prospecciones en La Valderia y La Cabrera (Le\u00f3n). Excavaciones Arqueol\u00f3gicas en Espa\u00f1a, 153. Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">FERN\u00c1NDEZ RODR\u00cdGUEZ, C. (2003): Ganader\u00eda, caza y animales de compa\u00f1\u00eda en la Galicia romana: Estudio arqueozool\u00f3gico. Brigantium, 15. A Coru\u00f1a: Museo Arqueol\u00f3xico e Hist\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">\u2014 (2007): \u201cAn\u00e1lisis de los restos \u00f3seos de macromam\u00edferos del Castro de la Cogollina (Asturias)\u201d. En FANJUL, A. (coord.): Estudios varios de arqueolog\u00eda Castre\u00f1a. Santander, pp. 41-48.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">GARC\u00cdA S\u00c1NCHEZ, J. (2008): \u201cMonta\u00f1a y recursos. Aproximaci\u00f3n diacr\u00f3nica al poblamiento de las Loras (Palencia y Burgos)\u201d, F\u00e9rvedes, 5, pp. 257-266.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">GONZ\u00c1LEZ MORALES, M. R. (1999): \u201cLa Prehistoria reciente. Los antecesores de los c\u00e1ntabros\u201d. En C\u00e1ntabros. La g\u00e9nesis de un pueblo. Santander, pp. 61-93.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">GRANT, A. (1982): \u201cThe use of tooth wear as a guide to the age of domestic animals\u201d. En WILSON, B.; GRIGSON, C. y PAYNE, S. (eds.): Ageing and Sexing Animal Bones from Archaeological Sites.&nbsp;BAR British Series, 109, pp. 91-108.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">HILLSON, S. (1990): Teeth. Cambridge Manuals in Archaeology. Cambridge.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">LIESAU, C. y GARC\u00cdA GARC\u00cdA, J. (2002): \u201cLos restos \u00f3seos: Estudios de paleodieta y de industria \u00f3sea\u201d. En BERROCAL-RANGEL, L.; MART\u00cdNEZ SECO, P. y RUIZ TRIVI\u00d1O, C.: El Castiellu de Llag\u00fa. Madrid: Real Academia de la Historia, pp. 259-282.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">\u2014 (2005): \u201cLa fauna de mam\u00edferos del yacimiento de la Campa Torres (Gij\u00f3n, Asturias, Espa\u00f1a)\u201d, Zephyrus, 58, pp. 261-266.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">LYMAN, R. L. (1994): Vertebrate taphonomy. Cambridge: Cambridge University Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">MAR\u00cdN, A. B. (2004): Estudio arqueozool\u00f3gico, tafon\u00f3mico y de distribuci\u00f3n espacial de la fauna de mam\u00edferos de la Cueva de La Fragua (Santo\u00f1a &#8211; Cantabria). Santander: Ediciones TGD.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">MORALES, A. y LIESAU, C. (1995): \u201cAn\u00e1lisis comparado de las faunas arqueol\u00f3gicas en el valle medio del Duero durante la Edad del Hierro\u201d. En DELIBES, G.; ROMERO, F. y MORALES, A.: Arqueolog\u00eda y medio ambiente. El primer milenio a. C. en el Duero Medio.&nbsp;Valladolid: Consejer\u00eda de Cultura y Turismo, pp. 455-514.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">PALES, L. y LAMBERT, C. (1971): Atlas ost\u00e9ologiques pour servir \u00e0 l\u2019identification des mammif\u00e8res du quaternaire. Paris: CNRS.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">PAYNE, S. (1987): \u201cReference codes for wear states in the mandibular cheek teeth of sheep and goats\u201d, Journal of Archaeological &nbsp;Science, 14, pp. 609-614.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">PERALTA, E. (2000): Los c\u00e1ntabros antes de Roma. Madrid: Real Academia de la Historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">P\u00c9REZ RIPOLL, M. (1992): Marcas de carnicer\u00eda, fracturas intencionadas y mordeduras de carn\u00edvoros en huesos prehist\u00f3ricos del Mediterr\u00e1neo espa\u00f1ol. Alicante: Instituto de Cultura Juan Gil-Albert.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">ROVIRA, S. y G\u00d3MEZ RAMOS, P. (2001): \u201cLa metalurgia prerromana de La Campa Torres (Gij\u00f3n, Asturias)\u201d. En MAYA, J. L. y CUESTA, F. (eds.): El Castro de La Campa Torres, Per\u00edodo Prerromano. Gij\u00f3n: Ayuntamiento de Gij\u00f3n, pp. 375-384.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">SACRIST\u00c1N DE LAMA, J. D. (1986): La Edad del Hierro en el valle medio del Duero. Rauda (Roa, Burgos). Valladolid: Universidad de Valladolid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">S\u00c1NCHEZ-PALENCIA, F. J. y FERN\u00c1NDEZ-POSSE, M. D. (1985): La Corona y el Castro de los Corporales I. Truchas (Le\u00f3n). Campa\u00f1as de 1978 a 1981. Excavaciones Arqueol\u00f3gicas en Espa\u00f1a, 141. Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">SCHMID, E. (1972): Atlas of Animal Bones. Amsterdam.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">SETI\u00c9N, J. (2005): \u201cLos metales: an\u00e1lisis qu\u00edmicos, mineral\u00f3gicos y metalogr\u00e1ficos\u201d. En CISNEROS, M. y L\u00d3PEZ NORIEGA, P. (eds.): El castro de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos). La documentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica (1999-2001). Santander: Universidad de Cantabria, pp. 115-130.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">SILVER, I. A. (1980): \u201cLa determinaci\u00f3n de la edad en los animales dom\u00e9sticos\u201d. En BROTHWELL, D. y HIGGS, E. (eds.): Ciencia en Arqueolog\u00eda. Madrid, pp. 289-309.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a9 Universidad de Salamanca Zephyrus, LXII, julio-diciembre 2008, 151-162 152 A. B. Mar\u00edn Arroyo y M. 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